domingo, 30 de marzo de 2008

Sociedades de control: información por naturaleza

Para entender el marco en que se desempeñan las ediciones en papel y soporte digital creemos necesario citar al filósofo Gilles Deleuze. Este pensador francés, a partir de las concepciones de Michael Foucault, realiza una nueva definición de las sociedades actuales en el siguiente análisis:

“Foucault situó las sociedades disciplinarias en los siglos XVIII y XIX, con su apogeo a principios del XX. Dichas sociedades procedieron a la organización de los grandes espacios de encierro, el individuo pasa sin cesar de un espacio de encierro a otro, cada uno con sus leyes; primero la familia, después la escuela (‘ya no estás en tu casa’), más tarde el cuartel (‘ya no estás en el colegio’), luego la fábrica, de vez en cuando el hospital, y eventualmente la cárcel, que es el espacio de encierro por excelencia. […] Pero las disciplinas, a su vez, conocerán una crisis que se resolverá en provecho de otras fuerzas que se irán asentando lentamente y precipitaran después de la Segunda Guerra Mundial; las sociedades disciplinarias ya no eran lo que nosotros dejábamos de ser, lo que ya no éramos.

Actualmente vivimos una crisis generalizada de todos los espacios de encierro: cárcel, hospital, fábrica, escuela, familia […] Las sociedades de control están sustituyendo a las sociedades disciplinarias […] La fábrica constituía a los individuos en un cuerpo, con ventaja doble para la patronal, que vigilaba cada elemento de la masa, y para los sindicatos que movilizaba una masa de resistencia; pero la empresa no cesa de introducir una rivalidad inexpiable como sana emulación, una excelente motivación que opone a los individuos entre ellos y atraviesa a cada persona, dividiéndola en sí misma. El principio modulador del ‘salario según merito’ trata de emular la educación nacional; en efecto, así como la empresa sustituye la fábrica, la formación permanente tiende a sustituir a la escuela, y el control continuo sustituye al examen. Lo cual es la manera más segura de entregar la escuela a la empresa […]

En cuanto al mercado, ya sea por especialización, o por colonización, o bien rebajando los costos de producción, que delega muchas veces a la periferia del Tercer Mundo, incluso en las formas más complejas del textil, la metalurgia o el petróleo. Se trata de un capitalismo de superproducción. Ya no se compra materias primas ni vende productos manufacturados, o monta piezas sueltas. Lo que quiere vender son servicios, y lo que quiere comprar son acciones. […] El marketing es el nuevo instrumento del nuevo control social y forma la nueva razón impúdica de nuestros dueños. El control se ejercer a corto plazo y tiene una rotación rápida, pero también es continuo e ilimitado, mientras que la disciplina era de larga duración, infinita y discontinua. El hombre ya no es el hombre encerrado, sino el hombre endeudado.” (Fuente: Deleuze, G., “Sociedades de control”, trad. cast. en “Futuro”, Página 12, 26 de junio de 1993, p. 2-3.)

Si llevamos este texto a la práctica editorial, podemos enmarcar que en estas sociedades controladas, donde la información no solo es presentada en diferentes formatos y aumenta exponencialmente, sino que además es un producto que se vende como servicio, ve reemplazado su concepto natural.

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